¡La mala costumbre de quedarte dormido en el sofá! Nuestro sofá es un sitio ideal para relajarnos y estar sentados, pero no para dormir. Sin duda, dormir en el sofá es un hábito que lejos de mejorar nuestro sueño, lo empeora.

No te pierdas, en este artículo, los hábitos saludables de sueño de la doctora Irene Rubio Bollinger, especialista en Neurofisiología Clínica y en patologías del sueño y responsable de la Unidad de Sueño del Hospital Quirónsalud Sur.

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¡La mala costumbre de quedarte dormido en el sofá!

Dra. Irene Rubio Bollinger

No puedes dormir en la cama y, sin embargo, caes en un sueño profundo, sin casi darte cuenta, mientras lees un libro o ves la televisión en el sofá.

Nuestro sofá es un sitio ideal para relajarnos y estar sentados, pero no para dormir. Evidentemente, ni tiene los materiales adecuados para el descanso ni está en una habitación propicia para el mismo. Sin duda, dormir en el sofá es un hábito que lejos de mejorar nuestro sueño lo empeora.

La causa principal por la que no debemos dormirnos en el sofá es la siguiente: si lo hacemos de manera continuada, nuestro cerebro asocia que el lugar de descanso es el sofá.

De esta forma, la cama de nuestro dormitorio perderá esta asociación, se debilitará el binomio cama-dormir y lo cambiará por sofá del salón-dormir.

Esto es lo que denominamos asociación de estímulos. Algo que generamos con los hábitos.

Dra. Irene Rubio Bollinger, especialista en Neurofisiología Clínica y en patologías del sueño y responsable de la Unidad de Sueño del Hospital Quirónsalud Sur.

Si queremos ver la tele un rato antes de dormir o leer o escuchar música siempre es mejor que lo hagamos en el salón o cualquier otro sitio que no sea nuestra cama ni dormitorio.

Cualquier actividad que realicemos despiertos en la cama durante un tiempo prolongado hará que nuestra mente esté activa y el cerebro asociará la cama a un sitio o lugar donde estamos activos y despiertos.

Igualmente, cuando nos despertemos de noche y no podamos volver a dormir no debemos permanecer despiertos en la cama mucho tiempo porque el organismo se activa y asocia la cama a estar despiertos.

Además, solemos ponernos nerviosos si no conseguimos volver a dormir o empezamos a pensar en cosas que nos van a mantener activos. 

Debemos salir de la cama e ir a otra estancia que puede ser el sofá del salón y relajarnos allí con algún audio relajante, realizando respiraciones relajantes o lectura muy liviana de tal forma que la sensación de sueño vuelva poco a poco a llevarnos a la cama. Pero ¡debemos evitar quedarnos dormidos en el sofá!

Si me quedo habitualmente dormido en el sofá, cuando intentemos volver a la cama nos despejaremos porque la cama habrá perdido su valor como «lugar para dormir».

Si en algún momento del día o el fin de semana echamos una siesta en el sofá después de comer, ésta debe ser corta para no disminuir en exceso la presión de sueño.

Si en algún momento del día o el fin de semana echamos una siesta en el sofá después de comer, ésta debe ser corta para no disminuir en exceso la presión de sueño.

Esta presión de sueño es el impulso biológico para dormir que se va generando durante el tiempo que estamos despiertos durante el día. Por ello, solo debemos permitirnos bajarla en un breve rato de siesta para que no provoque después problemas de conciliación del sueño al ir a dormir por la noche a la cama.

Si antes de dormir por la noche en la cama nos hemos quedado dormidos en el sofá después de cenar, viendo la tele o relajándonos, nuestro cuerpo habrá consumido parte de este impulso o presión de sueño en el sofá.

Así, al ir a la cama podemos notar dificultad en quedarnos dormidos y conciliar el sueño de manera adecuada.

La cama para dormir y el sofá para relajarnos

En el dormitorio no se aconseja ver la televisión mientras estoy en la cama ya que esta luz, si se mantiene tiempo antes de dormir, e incluso habiéndonos dormido con la tele de fondo, podemos estar dificultando que entremos de manera adecuada en el sueño profundo.

Debemos romper este círculo vicioso con buenos hábitos: recuerda que debemos mantener una asociación fuerte de la cama con el hecho de dormir y el sofá con actividades en las que estemos despiertos.

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