
Estrés como factor determinante en cada ciclo vital. El estrés puede influir en el desarrollo en todas las etapas del ciclo vital.
Y dadas las transformaciones que caracterizan dichas etapas, en el ámbito biológico, psicológico y social, el estrés puede afectar leve o drásticamente la estabilidad del individuo.
Más información profesional de la mano de la Dra. Verónica Morín Apela, autora del libro ‘Vivir con Estrés‘, editado por Barker Books.
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Estrés como factor determinante en cada ciclo vital
Dra. Verónica Morín
El ciclo vital humano es un proceso continuo de crecimiento y desarrollo que abarca las distintas etapas de la vida de una persona, desde el nacimiento hasta la muerte. A lo largo de este ciclo, los individuos experimentan una serie de cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales que influyen en su identidad, relaciones interpersonales y bienestar general.
Las etapas del ciclo vital humano, están marcadas por hitos importantes en el desarrollo y crecimiento de cada individuo. Cada etapa presenta retos y oportunidades únicas, así como demandas y expectativas específicas que pueden influir en la forma en que las personas se relacionan consigo mismas y con el entorno que las rodea.

Aprender a manejar de manera efectiva los desafíos y oportunidades
A lo largo de estas etapas, las personas pueden experimentar cambios significativos en sus roles, responsabilidades, relaciones y perspectivas de vida. Cada transición de una etapa a otra implica ajustes y adaptaciones que requieren de recursos personales, apoyo social y habilidades de afrontamiento para manejar de manera efectiva los desafíos y oportunidades que se presentan en cada fase del ciclo vital.
El ciclo vital humano representa un viaje en constante evolución que ofrece la posibilidad de crecimiento, aprendizaje y transformación a lo largo de la vida de cada individuo. Comprender y apreciar las distintas etapas del ciclo vital humano puede ayudarnos a valorar la diversidad y complejidad de las experiencias humanas, y a cultivar una mayor empatía y comprensión hacia nosotros mismos y hacia los demás en cada etapa de la vida.

Estrés como factor determinante durante toda la vida
El ser humano crece y se desarrolla a través de todo su ciclo vital, cambia, se organiza y se adapta al medio ambiente en una interacción constante entre su dotación genética y el medio que lo rodea. Por lo tanto, los seres humanos vivimos un continuo proceso de aprendizaje.
Comprender el ciclo vital se inicia con el reconocimiento de la etapa en que está cada uno de nosotros y las personas que conforman nuestro núcleo más íntimo. Las etapas son:
- recién nacido,
- lactante,
- preescolar,
- escolar,
- adolescente,
- adulto joven,
- adulto medio
- y adulto mayor.
El estrés puede ser un factor determinante en el desarrollo en todas las etapas del ciclo vital y dadas las transformaciones que caracterizan dichas etapas, en el ámbito biológico, psicológico y social, el estrés puede afectar leve o drásticamente la estabilidad del individuo.

Todas las claves para aprender a ‘Vivir con estrés’ – Dra. Verónica Morín
Estrés en la niñez
¿Qué se espera de cada ser que viene al mundo? Se espera que cada persona alcance la plenitud de su desarrollo como adulto. Sin embargo, dentro del reino animal, el ser humano destaca por ser el que requiere más tiempo para alcanzar la madurez y por presentar un desarrollo más complejo.
La humanidad, considerada la especie más evolucionada, es también aquella que demanda mayor cuidado y atención.
Todos los individuos necesitan mantener tanto su potencial biológico como sus necesidades afectivas y sociales para desarrollarse plenamente.
Primera infancia (0 a 6 años de edad)
Cuando se examina la etapa de la infancia, se comprueba que el estrés impacta al niño una vez que este entra en contacto con el entorno externo. En numerosas ocasiones, el dolor inicial puede generar consecuencias negativas expresadas a través de desequilibrios fisiológicos a largo plazo.
A medida que el infante se adapta y comienza a enfrentar los desafíos de su vida temprana, ya sea en el ámbito familiar o escolar, estos dos escenarios se convierten en los impulsores primordiales de las primeras señales de estrés en los niños.
Muchos consideran que es aquí donde comienzan las etapas de la vida por edad, pues es la fase del desarrollo caracterizada por el aprendizaje de capacidades y habilidades psico motriz, así como del lenguaje. Esta incluye las siguientes subetapas: recién nacido, lactante y preescolar.

Conexión afectiva adecuada del recién nacido con los padres y la familia
El período de recién nacido representa la primera etapa de la vida posterior al nacimiento, abarcando desde el momento del nacimiento hasta los 28 días de vida. Durante este período, el niño experimenta cambios físicos significativos a fin de adaptarse a la vida fuera del útero.
Es importante destacar que el recién nacido depende completamente de los adultos para su supervivencia, ya que estos asumen el papel de cuidadores y llevan a cabo todas las acciones necesarias para satisfacer las necesidades del bebé.
En esta etapa, resulta primordial establecer una conexión afectiva adecuada con los padres y la familia, ya que esto influirá en la formación de las relaciones interpersonales del niño en el futuro.
El estrés puede manifestarse desde la etapa neonatal
Lemus-Varela, et al. (2014), plantean que desde la temprana infancia los seres humanos están propensos a experimentar estrés. Los autores elaboraron un consenso diagnóstico y terapéutico del dolor y el estrés en el recién nacido.
En este documento, se establece que existen pruebas que demuestran que el estrés puede manifestarse desde la etapa neonatal y tener un impacto en el desarrollo neurológico y en el comportamiento a largo plazo. Ante esta evidencia, los autores señalan lo siguiente:
El manejo del estrés en los recién nacidos debe comenzar en la sala de partos e incluir el contacto materno, la reducción de estímulos, la implementación de protocolos de intervención reducida, entre otros (Lemus-Varela, et al. 2014, p. 348).

El estrés materno puede alcanzar al feto
El estrés es un factor que puede aparecer desde la primera infancia -desde el nacimiento hasta los tres años (Papalia, et al., 2013)-, en tanto que el sujeto tenga contacto con el mundo, experimentará fuerzas externas que pueden incidir en su conducta vital (Trianes, 2003).
Así lo confirman Pinto, Aguilar y Gómez (2010), cuando señalan que luce incluso en el periodo prenatal -Concepción, formación y nacimiento (Papalia, et al., 2013)- el bebé puede afectarse según el impacto de los agentes estresantes que la madre experimente durante su gestación.
Los autores describen tres mecanismos que pueden operar simultáneamente para explicar la forma en que la señal de estrés materno puede alcanzar al feto y producirle estrés:
- reducción del flujo sanguíneo,
- transporte transplacentario de las hormonas maternas
- y la liberación de hormona liberadora de corticotropina placentaria, implicada en la respuesta al estrés a través de la regulación de la secreción de cortisol, inducida por el estrés al ambiente intrauterino.
La etapa de lactante
La etapa de lactante abarca desde los 28 días de vida hasta los 24 meses y se divide en dos subetapas: lactante menor, que va desde los 28 días hasta los 12 meses, y lactante mayor, que abarca desde los 12 meses hasta los 24 meses.
Durante este período, se observa un crecimiento y maduración acelerados de los principales sistemas del organismo. Además, el lactante desarrolla habilidades que le permiten interactuar y responder al entorno, y también perfecciona sus capacidades motoras gruesas y finas.

Etapa preescolar
En el período comprendido entre los dos y los seis años de edad, que corresponde a la etapa preescolar, es fundamental proporcionar actividades motoras que estimulen tanto el crecimiento individual como el desarrollo social de los niños pequeños. En esta fase temprana, se establece la autonomía y se cultiva la iniciativa a medida que los niños comienzan a llevar a cabo diversas acciones por sí mismos.
Un elemento clave de esta etapa es la transición desde una perspectiva egocéntrica hacia la socialización. Durante este período, los niños muestran interés en describir objetos pequeños, experimentar con la creatividad y explorar el entorno que les rodea.
Asimismo, desarrollan una identidad que les capacita para expresar sus propias opiniones a los adultos, interactuar con sus compañeros de juego y adaptarse a estar separados de sus padres durante lapsos más prolongados. Todo este proceso prepara a los niños para afrontar uno de los cambios más significativos en su vida, que es la entrada a la escuela primaria.
Desarrollo emocional y conductual del niño
Olhaberry y Farkas (2012), concluyen que durante los tres primeros años de vida en el sistema familiar el estrés es especialmente crítico en relación con el desarrollo emocional y conductual del niño, así como para el fortalecimiento de la relación padres-hijos.
Esto es debido a que las características tanto del niño como de sus padres, el contexto familiar y los eventos de vida estresantes son algunas de las facetas del sistema intrafamiliar que han sido identificadas como importantes en los eventos generadores de estrés (Vera, Aguilar y Peña, 2005).
En el próximo artículo nos centraremos en Infancia (6 a 12 años de edad).
Puedes seguir a la Dra. Verónica Morín en laclinicadeestres.com y en sus redes sociales:
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