Estrés como factor determinante en cada ciclo vital. El estrés puede influir en el desarrollo en todas las etapas del ciclo vital.

Y dadas las transformaciones que caracterizan dichas etapas, en el ámbito biológico, psicológico y social, el estrés puede afectar leve o drásticamente la estabilidad del individuo.

En este artículo la autora se centra en el Estrés en la adolescencia (10-12 a 19 años de edad)

Más información profesional de la mano de la Dra. Verónica Morín Apela, autora del libro Vivir con Estrés, editado por Barker Books.

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Estrés como factor determinante en cada ciclo vital (3)

Estrés en adolescencia (10-12 a 19 años de edad)

Dra. Verónica Morín

La adolescencia, también conocida como edad juvenil, se considera como un período de transición que se sitúa entre la niñez y la edad adulta. Los límites de edad para esta etapa pueden variar según diferentes autores y enfoques.

Desde una perspectiva biopsicosocial, se suele dividir en tres etapas. La adolescencia inicial abarca aproximadamente entre los 10 y 12 años, la adolescencia media se extiende desde los 12 hasta los 14 años, y la adolescencia tardía comprende desde los 15 hasta los 19 años.

Otros autores incluyen una etapa previa llamada pre-pubertad, que se sitúa entre los 10 y 12 años, seguida de la pubertad, que abarca desde los 12 hasta los 16 años, y finalmente la adolescencia propiamente dicha, que va de los 16 a los 19 años.

Es importante tener en cuenta que estos límites de edad son aproximados y pueden variar en cada individuo, ya que el desarrollo físico, psicológico y social ocurre de manera diferente en cada persona.

La adolescencia es una etapa crítica del desarrollo donde el joven se encuentra vulnerable ante el entorno social y ante diversos factores de riesgo para su estabilidad emocional.

En el transcurso de esta etapa, es de vital importancia dedicar tiempo para tener conversaciones significativas con nuestros hijos adolescentes. Podemos aprovechar momentos como las caminatas hasta el colegio, los viajes en auto, o los momentos de desayunar o cenar en familia para establecer un espacio de diálogo abierto.

Es fundamental abordar temas como sus emociones, preocupaciones y deseos. Debemos tener en cuenta que es importante hablar con ellos cuando ellos lo deseen y no solo cuando los adultos lo necesitemos, ya que, si intentamos hablar en un momento inoportuno, es probable que no nos escuchen.

Podemos identificar cuándo están dispuestos a hablar, ya que ellos iniciarán la conversación. En ese momento, es crucial que consideremos ese momento como un tiempo de oro; y dejemos lo que estemos haciendo para estar plenamente disponibles y dedicarles nuestra atención al 100%.

Doctora Verónica Morín, autora del libro Vivir con estrés.

Experimentar sentimientos de tristeza, desesperanza, ansiedad o enojo puede ser una indicación de que un adolescente podría beneficiarse de apoyo adicional durante momentos difíciles y situaciones en las que el estrés se vuelve especialmente evidente. Es importante tener en cuenta que los adolescentes pueden tratar de ocultar sus problemas debido al miedo, vergüenza o la sensación de responsabilidad de no querer ser una carga para los demás.

Actualmente, se observa un incremento significativo en la presencia de trastornos relacionados con la salud mental entre los jóvenes. A nivel global, han surgido nuevas problemáticas durante la adolescencia asociadas al uso problemático de sustancias psicoactivas.

Las manifestaciones de estrés y problemas de salud mental difieren entre adolescentes, pero comparten ciertos síntomas comunes. Entre estas señales se incluyen cambios en el estado de ánimo, persistente irritabilidad, sentimientos de desesperanza o ira, así como conflictos frecuentes con amigos y familiares.

Alteraciones en el comportamiento, como distanciarse de amistades de larga data, pueden ser evidentes. Además, dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido, así como cambios en el peso o patrones alimentarios extremos, pueden indicar un malestar subyacente.

Problemas de memoria, concentración o razonamiento, acompañados de una disminución en el rendimiento académico, junto con desinterés en actividades previamente placenteras como la cocina, la práctica de deportes u otras aficiones, también son signos relevantes a considerar.

Adicionalmente, alteraciones en la apariencia personal o la adopción de conductas riesgosas son alertas importantes que demandan atención. La pérdida de interés en actividades antes valoradas puede ser un síntoma de malestar emocional que requiere intervención y apoyo adecuado.

Pon un libro en tu vida: Vivir con estrés, de Verónica Morín, editado por Barker Books.

El estrés como factor de riesgo

La adolescencia es una etapa de alta vulnerabilidad para el individuo, pues el adolescente debe hacer frente a una gran variedad de demandas tanto internas como externas que quizá aún no está preparado para enfrentar, por lo que se ha considerado a esta edad como un período de constante riesgo.

En este sentido, Lara, Jiménez y Sánchez (2009), refieren que la adolescencia es una etapa de la vida caracterizada por profundas transiciones en la conducta emocional, intelectual, sexual y social de los seres humanos y, en consecuencia, los efectos estresantes para el adolescente no solo serán de carácter psicológico, sino también de índole emocional, conductual o fisiológico.

Es por ello que, al incrementarse los factores estresantes inducidos por los cambios evolutivos, las habilidades de se modelan a medida que suceden las transformaciones y el adolescente se va adecuando a esos cambios.

Los efectos que el estrés puede ocasionar en él conllevan importantes implicaciones para el resto de su vida, debido a que se torna más propenso a emplear estrategias inadecuadas de regulación emocional.

El estrés para el adolescente puede implicar el incremento de la vulnerabilidad ante problemas relacionados, tales como depresión, ansiedad o problemas de salud, frente a los cuales Verdugo, Ponce, Guardado, Meda, Uribe y Guzmán (2013) señalan lo siguiente:

Las personas que presentan alta afectividad negativa son más propsensas a experimentar angustia e insatisfacción en cualquier circunstancia; un alto efecto negativo predispone a las personas a tener percepciones negativas sobre sí mismas y el mundo que les rodea.

Por otro lado, la afectividad positiva está relacionada con la presencia de gran cantidad de energía y entusiasmo, lo cual le permite al individuo tener una vida más activa y lo predispone a tener percepciones positivas sobre su persona y sobre el medio en general.

Durante la adolescencia, los jóvenes experimentan estrés proveniente de su entorno psicosocial en desarrollo. Para hacer frente a este estrés, recurren a estrategias de afrontamiento emocional, aunque estas no siempre resultan efectivas.

Por otro lado, se ha observado que las estrategias de afrontamiento que se enfocan en buscar apoyo familiar y/o social son especialmente beneficiosas para los adolescentes al enfrentar los desafíos diarios e inesperados de la vida.

En esta etapa del ciclo vital, los adolescentes experimentan cambios biológicos tanto a nivel físico como endocrino, lo que puede generar inseguridades y problemas de autoestima que, en algunos casos, persisten hasta la edad adulta.

Además, los adolescentes atraviesan una fase crítica en su relación con sus padres, impulsada por una mayor necesidad de independencia y la búsqueda de su identidad.

Recomendaciones para padres de adolescentes

La adolescencia es una etapa de transformación profunda en la que los jóvenes necesitan, más que nunca, adultos disponibles emocionalmente. Algunas acciones sencillas pueden marcar una gran diferencia:

Muchas veces los adolescentes no buscan soluciones inmediatas. Necesitan sentirse escuchados, comprendidos y validados antes de recibir orientación.

Las mejores conversaciones rara vez ocurren cuando los adultos las planifican. Un viaje en auto, una caminata, una comida compartida o un momento cotidiano pueden convertirse en oportunidades valiosas para conectar.

Actualmente, se observa un incremento significativo en la presencia de trastornos relacionados con la salud mental entre los jóvenes.
La adolescencia es una etapa de transformación profunda en la que los jóvenes necesitan, más que nunca, adultos disponibles emocionalmente. 

Todos los adolescentes atraviesan altibajos emocionales. Sin embargo, cuando la tristeza, el aislamiento, la irritabilidad o los problemas de sueño persisten durante semanas, es importante prestar atención y buscar apoyo profesional si fuera necesario.

Los adolescentes necesitan autonomía, pero también estructura. Los límites saludables brindan seguridad y funcionan como un marco de contención en una etapa de grandes cambios.

Los hijos aprenden más de lo que observan que de lo que escuchan. Mostrar formas saludables de gestionar el estrés es una de las enseñanzas más valiosas que un adulto puede ofrecer.

La confianza no se construye vigilando cada movimiento, sino generando espacios donde el adolescente sienta que puede acudir a sus padres incluso cuando se equivoca.

La adolescencia es una etapa desafiante, pero también una oportunidad extraordinaria para fortalecer vínculos y construir recursos emocionales que acompañarán a la persona durante toda su vida.

En un mundo cada vez más acelerado y exigente, el mayor factor protector sigue siendo el mismo: la presencia de adultos capaces de escuchar, comprender y acompañar sin juzgar. Porque muchas veces lo que un adolescente necesita no es que le indiquen el camino, sino saber que no tiene que recorrerlo solo.

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