Sobreestimulación y salud mental en las Personas Altamente Sensibles. Abordamos en este artículo un nuevo aspecto de las PAS.

En 2026, seguimos aprendiendo sobre el significado de ser Persona Altamente Sensible. Nos queda mucho por conocer. Para ello, contamos con la colaboración de la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España).

Ser una persona altamente sensible no es una desventaja, sino una forma profunda de estar en el mundo, con una capacidad única para captar matices emocionales, conectar con los demás y reflexionar con profundidad.

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Sobreestimulación y salud mental en las Personas Altamente Sensibles

Dra. Manuela Pérez Chacón

Vivimos en un entorno que reclama nuestra atención de forma permanente: pantallas, notificaciones, mensajes a cualquier hora, ruido, prisas, multitarea, redes sociales y un flujo incesante de noticias.

Esta exigencia continua puede generar la sensación de que debemos estar siempre disponibles y responder de inmediato a todo y a todos. Para muchas personas, este ritmo resulta agotador; en quienes presentan una alta sensibilidad, sus efectos pueden experimentarse con una intensidad especial.

La alta sensibilidad no es una enfermedad ni un trastorno mental. Es un rasgo que refleja diferencias individuales en la forma de percibir, procesar y responder a la información del entorno.

La evidencia científica más reciente señala que no consiste únicamente en «sentir más», sino que comprende aspectos como una mayor profundidad de procesamiento, sensibilidad ante las señales sociales, reactividad emocional y tendencia a la sobreestimulación.

En este contexto, no se trata únicamente de reducir la cantidad de estímulos, sino también de aprender a reconocerlos, regular su impacto y relacionarnos con ellos de una forma más consciente y saludable.

A partir de aquí surge una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando una persona altamente sensible intenta desenvolverse en un mundo diseñado para reclamar su atención de manera constante?

Una de las experiencias que muchas PAS describen es la sobreestimulación.

No necesariamente significa que algo sea objetivamente insoportable. Puede tratarse de la acumulación de muchas pequeñas demandas, por ejemplo, una conversación mientras llegan notificaciones al teléfono, ruido de fondo, varias personas hablando a la vez, luces intensas, prisas, decisiones pendientes y, además, la necesidad de responder emocionalmente a lo que ocurre alrededor.

Por separado, cada estímulo puede parecer manejable. Demasiado estímulos juntos pueden superar la capacidad de recuperación de la persona.

La investigación reciente sobre alta sensibilidad está poniendo precisamente el foco en esta complejidad. Como PAS puedes mostrar diferentes perfiles relacionados con la respuesta ante la estimulación y la sobrecarga sensorial.

Por eso, hablar de alta sensibilidad únicamente como “sentir las emociones con mucha intensidad” resulta insuficiente. También implica una determinada manera de relacionarse con el entorno.

Durante años hemos vivido bajo la idea de que ser fuerte significa aguantar. aguantar el ruido, aguantar el estrés, las reuniones interminables… soportar determinados ambientes, aguantar relaciones que nos desgastan… En definitiva, aguantar sin descansar.

Desde esta perspectiva, una persona que necesita retirarse después de una jornada especialmente intensa puede llegar a pensar que hay algo malo en ella:

  • “Soy demasiado sensible”
  • “Todo me afecta”
  • “Debería aprender a llevarlo mejor”

Pero quizá la pregunta debería ser otra, ¿Qué ocurre cuando exigimos a una persona que funcione permanentemente por encima de aquello que su cuerpo puede tolerar?

La alta sensibilidad no tiene por qué convertirse en una limitación. De hecho, la investigación sobre sensibilidad ambiental plantea que las personas con mayor sensibilidad pueden ser más vulnerables ante contextos negativos, pero también pueden beneficiarse más de ambientes positivos y de experiencias de apoyo.

Es decir, no hablamos solo de vulnerabilidad. También hablamos de potencial.

La alta sensibilidad no es una enfermedad ni un trastorno mental. Es un rasgo que refleja diferencias individuales en la forma de percibir, procesar y responder a la información del entorno.
Sobreestimulación y salud mental en las Personas Altamente Sensibles – Infografía IA.

Una de las claves para las PAS no consiste necesariamente en intentar eliminar todos los estímulos. Eso sería imposible. El mundo no va a dejar de hacer ruido.

La cuestión está en aprender a identificar qué estímulos saturan, cuánto tiempo necesitamos para recuperarnos y qué condiciones favorecen nuestro equilibrio.

Para algunas personas puede ser reducir el ruido. Para otras, disponer de momentos de soledad después de un día intenso. Para otras, limitar el uso del móvil, establecer espacios sin pantallas o evitar encadenar demasiadas actividades sin descanso.

No se trata de construir una vida dentro de una burbuja. Se trata de conocer tu propio funcionamiento. Y esto es importante porque existe el riesgo de convertir la alta sensibilidad en una nueva etiqueta que termine definiendo toda tu vida.

En los últimos años, se ha hecho popular el concepto de “persona altamente sensible”. Esto ha permitido que muchas personas encuentren una explicación a experiencias que durante años no comprendían.

Sentirte identificado con tu rasgo PAS puede ser profundamente liberador.

Pero una etiqueta también puede convertirse en una jaula si empezamos a pensar cosas del tipo:

  • “Como soy PAS, no puedo hacer esto”
  • “Como soy sensible, tengo que evitar aquello”
  • “Las personas altamente sensibles no soportamos…”

La sensibilidad no debe convertirse en un catálogo de prohibiciones. La investigación actual está precisamente ampliando la mirada sobre la SPS y alejándola de una visión exclusivamente negativa.

La nueva investigación sobre la escala HSP-S, contempla tanto la sensibilidad ante experiencias difíciles como la sensibilidad ante experiencias positivas.

Desde este enfoque la pregunta deja de estar basada en cómo evitar aquello que como PAS te genera sobreestimulación. También podemos preguntarnos, ¿Qué experiencias hacen que una persona altamente sensible florezca?

Cuidarse no significa evitar la vida,  significa aprender a regular nuestra exposición a ella.

Una PAS puede necesitar más pausas, pero eso no significa que tenga que renunciar a las relaciones sociales, puede disfrutar de la tranquilidad y, al mismo tiempo, disfrutar de una conversación profunda, o, puede necesitar momentos de silencio y también sentir una enorme conexión en determinados espacios compartidos.

Puede verse afectada por ambientes negativos y, precisamente por su sensibilidad, experimentar con enorme intensidad la belleza, el arte, la naturaleza, el afecto, la conexión y las experiencias significativas.

Por eso considero fundamental que las personas altamente sensibles pasemos de preguntarnos “¿cómo puedo dejar de ser tan sensible?” a preguntarnos ¿Cómo puedo vivir de una manera que respete mi sensibilidad sin permitir que ella decida por mí?

Y quizá esta reflexión no debería dirigirse únicamente a las PAS. La salud mental está poniendo cada vez más atención en nuestro entorno social. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado la soledad y la desconexión social como un importante problema de salud pública, destacando que aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad.

Esto nos recuerda que nuestro bienestar no depende únicamente de nuestra capacidad individual para gestionar lo que sentimos. Nuestro bienestar también depende del contexto en el que vivimos.

Necesitamos espacios donde descansar, relaciones donde no tengamos que estar permanentemente a la defensiva, trabajos que permitan recuperar energía y una cultura que no confunda disponibilidad permanente con bienestar.

Como PAS no necesariamente necesitas un mundo hecho a medida, tu sensibilidad puede ayudarte a detectar algo que otros pasan por alto. Un entorno  demasiado saturado, puede suponer pagar un precio.

En este sentido, la alta sensibilidad no tiene por qué ser algo que haya que corregir. Puede ser una característica que requiere comprensión y la capacidad de regular para poner al servicio de una vida más consciente.

Y quizá el verdadero objetivo no sea conseguir que las personas altamente sensibles se adapten a un mundo que nunca se detiene. Quizá también podamos empezar a preguntarnos si necesitamos construir un mundo en el que detenerse, sentir y recuperar energía.

Dra. Manuela Pérez Chacón, presidenta de PAS España

La Dra. Manuela Pérez Chacón es Licenciada en Psicología con dos especialidades, industrial y clínica, por la Universidad nacional de Educación a distancia. Es Doctora en Psicología de los Recursos Humanos por la Universidad de Sevilla.

En el área de la salud, es fundadora y miembro de la Unidad de Salud Mental del Hospital Jerez Puerta del Sur. Trabaja realizando psicoterapia cognitivo conductual. Pertenece al Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental. 

En el área de la Psicología Industrial, es fundadora y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Técnicos en Prevención de Riesgos Laborales de Andalucía. Trabaja e investiga en riesgos psicosociales. Tiene experiencia como profesora ayudante en la Universidad Internacional de la Rioja.

En el área de la Psicología de la Personalidad, es fundadora y preside la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España). Trabaja la difusión y divulgación científica de la Sensibilidad de Procesamiento sensorial, colaborando en medios de comunicación, tales como RNE, TVE o El País y ahora con jupsin.com, IPDGrupo.com.

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