¡Mamá, hay un monstruo en la ventana! Abordamos en este artículo un nuevo aspecto de las Personas Altamente Sensibles.
En 2025, seguimos aprendiendo sobre el significado de ser PAS. Nos queda mucho por conocer. Para ello, contamos con la colaboración de la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España).
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¡Mamá, hay un monstruo en la ventana!
Dra. Manuela Pérez Chacón
El miedo es una respuesta natural que, desde el punto de vista evolutivo, ha permitido a los seres humanos protegerse de situaciones potencialmente peligrosas.
En los niños y niñas, los miedos suelen ser más intensos debido a su alta capacidad de percepción, a su imaginación activa y a su desarrollo emocional.
Los niños altamente sensibles (NAS) son más propensos a los miedos intensos debido a su sensibilidad emocional y sensorial. Su capacidad para percibir detalles sutiles de su entorno, sus emociones intensas y su tendencia a la sobreestimulación les coloca en una posición más vulnerable frente a los miedos comunes de la infancia.
En este contexto, el miedo a los monstruos no solo refleja una respuesta al contenido imaginario, sino también un mecanismo de defensa ante la sensación de estar expuestos a estímulos percibidos como amenazantes, aunque no sean reales.
Necesidad de protección frente a lo desconocido
La respuesta de miedo ante los monstruos puede ser vista, por lo tanto, como una manifestación de una necesidad de protección frente a lo desconocido.
A lo largo del desarrollo, los miedos en la infancia tienden a cambiar según la edad y las etapas de crecimiento. Pueden aparecer en diferentes etapas y aunque son transitorios, tienden a evolucionar de acuerdo con las experiencias y la madurez emocional de cada niño.
Por ejemplo, hasta los dos años y medio, los niños/as pequeños experimentan miedos principalmente relacionados con la percepción sensorial, como el miedo a los ruidos fuertes, a la separación de sus figuras de apego, a los extraños, a las tormentas y a los insectos.
Estos miedos son una respuesta adaptativa que les ayuda a identificar potenciales amenazas en su entorno y buscar consuelo en sus padres.

El miedo, parte importante de la experiencia infantil
Hasta los seis años, los miedos se centran más en lo imaginario y lo abstracto. El miedo a la oscuridad, a los monstruos, a quedarse solos y a ciertos animales se convierte en una parte importante de la experiencia infantil.
Los niños en este periodo desarrollan una mayor comprensión de su entorno, pero también son más susceptibles a la interpretación de lo desconocido como peligroso. Este tipo de miedos puede estar vinculado con una mayor sensibilización a los estímulos y una imaginación más activa, lo que es particularmente fuerte en NAS.
Hasta los once años, a medida que los niños crecen, los miedos se tornan más realistas y se enfocan en la protección del cuerpo y la vida. Los miedos a hacerse daño físico, a la muerte y a lo sobrenatural son comunes en esta etapa.
Los niños pueden comenzar a tener una mayor conciencia de su vulnerabilidad en el mundo y de las amenazas reales, lo que les puede generar ansiedad.
Miedos en los Niños Altamente Sensibles
En los NAS, estos miedos pueden volverse más intensos, ya que tienden a ser más conscientes de su entorno y de las consecuencias de ciertos eventos.
Cuando están en la etapa de la preadolescencia, prevalecen los miedos escolares, sociales, económicos y de autoimagen. En esta etapa, el niño o la niña está empezando a desarrollarse socialmente.
Los miedos relacionados con el rendimiento académico, las relaciones interpersonales y la percepción social pueden ser particularmente pronunciados en los niños o niñas con una alta sensibilidad emocional, ya que pueden ser más afectados por las expectativas externas y sus propias inseguridades.

Miedos en la adolescencia
Y cuando llegan a la adolescencia, predominan los miedos sexuales, de autoidentidad, académicos, económicos y sociales.
En este período, los adolescentes atraviesan un proceso de construcción de su identidad, lo que puede generar miedos relacionados con la aceptación social, la sexualidad y el futuro.
Los adolescentes altamente sensibles pueden experimentar estos miedos con mayor intensidad, ya que son más propensos a una autoevaluación crítica y a percibir la presión de su entorno de manera más aguda.
Las niñas y los miedos
En cuanto a las diferencias de género, los estudios indican que las niñas suelen experimentar mayores niveles de miedo que los niños en diversas etapas de la infancia y adolescencia.
Este patrón podría estar relacionado con diferencias socioculturales en las expectativas de comportamiento y el desarrollo emocional, así como con la mayor tendencia de las niñas a expresar sus emociones y preocupaciones.
Las niñas tienden a ser más abiertas en la expresión de sus miedos, mientras que los niños, en general, pueden sentirse presionados a no mostrar vulnerabilidad.
Es decir, los miedos infantiles y juveniles, aunque en su mayoría son transitorios, pueden perdurar y transformarse con el tiempo. Algunos miedos tienden a desaparecer con la madurez, mientras que otros se intensifican, como el miedo a la sangre, a los hospitales, a hablar en público o al fracaso.
Estos miedos, aunque se desarrollan en la niñez, pueden ser un reflejo de la manera en que los niños aprenden a enfrentar sus temores y a lidiar con los desafíos emocionales a lo largo de su vida.
Respuesta adaptativa para supervivencia y protección emocional
Los NAS, debido a su mayor percepción emocional y su tendencia a experimentar el mundo con una mayor profundidad, pueden encontrar que algunos de estos miedos se amplifican con la edad si no se gestionan adecuadamente.
En este sentido, el miedo en la infancia es una respuesta adaptativa crucial para la supervivencia y la protección emocional.
Para los NAS, estos miedos pueden ser más intensos y duraderos, pero al mismo tiempo, pueden servir como una oportunidad para el desarrollo emocional y la comprensión de su entorno.
El manejo de estos miedos, ya sea a través del apoyo familiar, la validación emocional y el desarrollo de estrategias de afrontamiento, es esencial para un crecimiento emocional y psicológico saludable.

¿Cómo surgen los miedos?
Respecto a cómo surgen los miedos, suele ocurrir de tres modos principales, por condicionamiento directo, debido al aprendizaje por observación, o por transmisión de información negativa.
Cada uno de estos mecanismos de adquisición de miedos tiene implicaciones diferentes sobre cómo el niño o la niña experimenta y responde al miedo, y en el caso de los niños o personas altamente sensibles (PAS), existe un factor adicional de vulnerabilidad que puede intensificar la experiencia.
Condicionamiento directo (1)
El condicionamiento directo se refiere a la experiencia personal de un estímulo asociado con una respuesta de miedo. Por ejemplo, si un niño se asusta cuando se encuentra con un perro agresivo, puede desarrollar un miedo generalizado a los perros.
Este tipo de miedo está asociado a experiencias personales directas que producen una reacción emocional inmediata.
En las PAS, este tipo de aprendizaje puede ser más intenso debido a su capacidad para procesar las emociones y sensaciones de manera más profunda.
La intensidad del miedo puede ser desproporcionada en comparación con la que experimentaría alguien menos sensible, porque la tendencia a vivenciar más agudamente las experiencias emocionales.
Aprendizaje por observación (2)
En cuanto al aprendizaje por observación, ocurre cuando un niño o una niña desarrolla miedos observando a otras personas experimentar miedo ante ciertos estímulos. Un niño puede aprender a tener miedo de ciertos animales, por ejemplo, si ve a un adulto reaccionar con ansiedad o temor frente a esos animales.
Los niños altamente sensibles son especialmente propensos a este tipo de aprendizaje, ya que son más susceptibles a captar las emociones y reacciones de las personas a su alrededor, y pueden internalizar esos miedos.
En este caso, el miedo es en gran medida social y emocional. Las PAS tienden a ser más empáticas y receptivas a las emociones ajenas, lo que puede llevar a que sus propios miedos se vean amplificados por la observación de las emociones de los demás.
Transmisión de información negativa (3)
Y en tercer lugar, adquirir miedos por la transmisión de información negativa involucra el aprendizaje de miedos a través de relatos, advertencias o mensajes recibidos desde el entorno. Por ejemplo, de los padres, abuelos u otros adultos o la propia sociedad en general.
Si un niño escucha repetidamente que «los extraños son peligrosos» o que «los lugares oscuros son aterradores», es probable que desarrolle una aversión o miedo a esos estímulos, incluso sin haber tenido una experiencia negativa directa con esas experiencias.
Las PAS, debido a su mayor capacidad para procesar información emocional y su mayor tendencia a reflexionar sobre los mensajes que reciben, pueden ser más vulnerables a internalizar estos miedos. La transmisión de información negativa puede generarles una sensación de inseguridad o miedo irracional hacia situaciones que de otro modo podrían no haberles causado temor.

NAS y una mayor vulnerabilidad emocional
Por lo tanto, en los niños altamente sensibles (NAS) o en las personas altamente sensibles (PAS), estos tres modos de adquisición de miedos se pueden intensificar por una mayor vulnerabilidad emocional.
La característica central de las personas altamente sensibles es su capacidad de procesar estímulos sensoriales y emocionales de manera más profunda y detallada que la mayoría de las personas. Por este motivo, los miedos adquiridos pueden llegar a ser más intensos y persistentes en las PAS.
Cuando el miedo es más reflexivo, es decir, el niño o la niña percibe una amenaza de forma consciente y razona sobre ella, la persona puede desarrollar pensamientos ansiosos, anticipatorios o catastróficos sobre una situación temida.
En cambio, los miedos adquiridos por condicionamiento directo, donde una experiencia negativa o traumática crea una respuesta de miedo inmediata, tienden a generar respuestas más conductuales, como evitación, llanto, gritos o conductas de huida.
Ambiente tranquilo, empático y estructurado
Los NAS, debido a su sobreestimulación, pueden mostrar una mayor tendencia a respuestas conductuales intensas, como el llanto excesivo, la evitación de situaciones o la angustia ante el recuerdo de una experiencia negativa.
Por todo ello, los NAS pueden necesitar un entorno de apoyo, paciencia y comprensión para aprender a manejar sus miedos y a desarrollar estrategias de afrontamiento saludables.
Fomentar un ambiente tranquilo, empático y estructurado puede ayudarles a procesar sus miedos de forma adecuada y a reducir su intensidad con el tiempo.
Dra. Manuela Pérez Chacón, presidenta de PAS España
La Dra. Manuela Pérez Chacón es Licenciada en Psicología con dos especialidades, industrial y clínica, por la Universidad nacional de Educación a distancia. Es Doctora en Psicología de los Recursos Humanos por la Universidad de Sevilla.

En el área de la salud, es fundadora y miembro de la Unidad de Salud Mental del Hospital Jerez Puerta del Sur. Trabaja realizando psicoterapia cognitivo conductual. Pertenece al Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental.
En el área de la Psicología Industrial, es fundadora y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Técnicos en Prevención de Riesgos Laborales de Andalucía. Trabaja e investiga en riesgos psicosociales. Tiene experiencia como profesora ayudante en la Universidad Internacional de la Rioja.
En el área de la Psicología de la Personalidad, es fundadora y preside la Asociación de Psicólogos y Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España). Trabaja la difusión y divulgación científica de la Sensibilidad de Procesamiento sensorial, colaborando en medios de comunicación, tales como RNE, TVE o El País y ahora con jupsin.com, IPDGrupo.com.
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Nota de la autora: Este documento utiliza lenguaje no sexista. Las referencias a personas o colectivos citados en los textos en género masculino, por economía del lenguaje, debe entenderse como un género gramatical no marcado. Cuando proceda, será igualmente válida la mención en género femenino.
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