¿Por qué debemos aprender a cuidar y comprender a nuestros mayores? A medida que nuestros padres y madres envejecen, las relaciones familiares también cambian.

Empiezan a necesitar más ayuda, aparecen nuevas preocupaciones y, en ocasiones, surgen conflictos derivados de la incomprensión o del desconocimiento de esta etapa vital.

La forma en la que les hablamos, les tratamos y tomamos decisiones por ellos puede influir en su bienestar físico y emocional, aunque a menudo no seamos conscientes de ello.

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¿Por qué debemos aprender a cuidar y comprender a nuestros mayores?

Vamos a intentar entender cómo podemos establecer relaciones más sanas y respetuosas con nuestros familiares mayores.

Para ello, buscamos información profesional con el doctor José María Gómez-Reino Sanchis, especialista en Geriatría del Hospital Quirónsalud Torrevieja.

El doctor nos explica qué actitudes favorecen la salud de nuestros mayores y cómo podemos acompañarlos mejor en los cambios de la edad.

Las personas mayores experimentan cambios físicos, cognitivos y sociales que pueden hacerlas sentir menos útiles o que no se las valora. Es importante entender cómo les afectan estos cambios y tenerlo presente al tratar con ellas.

Los cambios que experimenta un adulto mayor se pueden clasificar en varios niveles:

  • Físico. Pérdida de masa muscular, de estatura, de coordinación y de velocidad. Y, en ocasiones, aparición de enfermedades que afectan a la movilidad.
  • Cognitivo. Disminución de audición o de vista, así como una mayor dificultad para recordar cierta información.
  • Social. Pérdidas afectivas, soledad o miedo a quedarse sin una red de apoyo.
Las personas mayores experimentan cambios físicos, cognitivos y sociales que pueden hacerlas sentir menos útiles o que no se las valora.
  • Familiar. Pueden sentir que pasan a un segundo plano dentro de la familia.
  • Laboral. La jubilación puede generar sentimientos de tristeza o inutilidad en algunas personas. El hecho de encontrar un nuevo propósito o afición puede facilitar la adaptación.
  • Carácter. Todos los cambios físicos, sociales, cognitivos y familiares, a su vez, pueden modificar la forma de ser, mostrándose más introvertidos o apáticos, sin que haya una enfermedad mental.

Es importante conocer y comprender todas estas alteraciones de la edad para lograr una mejor relación con los familiares más mayores.

Hay comportamientos sencillos que favorecen relaciones más sanas como:

  • Tratarles siempre de manera respetuosa y educada.
  • Hacerles sentir útiles.
  • Mostrar paciencia y empatía.
  • Explicarles el uso de dispositivos electrónicos.
  • Acompañarlos en actividades que disfruten.
  • Fomentar el contacto social.
  • Evitar infantilizarles.
  • Interesarnos por cómo se sienten y qué necesitan.
Lamentablemente, el sedentarismo es muy común en la vejez, lo que perjudica tanto a nivel físico como emocional.

La mayoría de las discusiones surgen por la falta de comprensión de esta etapa vital. A veces olvidamos la cantidad de cambios que viven en poco tiempo y de manera simultánea.

Si entendemos que la vejez es una etapa compleja, será más fácil manejar las conductas difíciles con los adultos mayores.

Lamentablemente, el sedentarismo es muy común en la vejez, lo que perjudica tanto a nivel físico como emocional. Para evitarlo, podemos proponerles actividades diarias, adaptadas a ellos, fijando pequeñas metas que puedan ir superando.

Por ejemplo, caminar durante unos minutos, subir o bajar escaleras o realizar ejercicios para estimular su mente pueden ser buenas opciones.

Eso sí, es recomendable que cuenten con supervisión mientras realizan las actividades. Este acompañamiento, además, les proporciona una motivación adicional para continuar.

Por otro lado, los centros de mayores también son una buena opción para socializar, aunque al principio conviene que acudan con un familiar hasta que se sientan cómodos.

Hay que tener claro que necesitar ayuda de una persona para cuidar de nuestros mayores no significa quererlos menos. Para cuidar bien, también hay que cuidarse a uno mismo.

Si observamos que nuestro familiar presenta cualquier limitación, ya sea física, cognitiva o emocional, lo más conveniente es acudir a la consulta médica.

Los especialistas en Geriatría, Psicología Clínica o Neuropsicología pueden ayudar a determinar el tipo de dependencia, si la hay, y cómo actuar.

Si se trata de una limitación física, se puede recomendar el uso de andadores, sillas de ruedas, muletas u otras adaptaciones en el hogar. Estos apoyos hacen más fácil que el adulto mayor siga moviéndose y evite el sedentarismo.

En el caso de un deterioro cognitivo, se pueden aconsejar ejercicios de estimulación cognitiva, ver fotografías, escuchar canciones, cantar o colocar post-it para recordar cosas importantes para su rutina.

Cuando la familia no puede dedicar el tiempo que la persona mayor necesita o cuando su grado de dependencia aumenta, es tiempo de pedir ayuda.

Es fundamental evaluar primero el nivel de dependencia con profesionales y decidir si la ayuda debe ser por horas, por la noche o 24 horas.

Hay que tener claro que necesitar ayuda de una persona para cuidar de nuestros mayores no significa quererlos menos. Para cuidar bien, también hay que cuidarse a uno mismo.

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Nuestro familiar mayor puede vivirlo como una pérdida de independencia. Por eso, es importante introducir a esta persona externa de forma progresiva, empezar con pocas horas y, siempre que sea posible, hacerlo partícipe en la decisión.

El acompañamiento familiar durante los primeros días reduce el impacto emocional y facilita la adaptación. Otra recomendación es hacer un seguimiento de la relación cuidador-persona mayor.

Tratar a las personas mayores con respeto, comprensión y apoyo es una forma de cuidar su salud y su dignidad. No te olvides de ponerte en su lugar y animarlos a que sigan moviéndose, relacionándose con otras personas y estimulando su mente. Protege a tus familiares en esta compleja etapa de la vida.

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